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Qué extraños somos los seres humanos…

 

Festejamos el nacimiento de un bebé que nuevamente (quizás, por millonésima vez, por no haber aprendido en vidas anteriores) llega a este plano…
Festejamos cuando cumplimos un año más en este plano…
Festejamos como ¨un record¨ cuando superamos en edad al más anciano de los humanos en este plano…
Festejamos cuando encontramos un remedio para prolongar la juventud en este plano…
Festejamos cuando en medio de una catástrofe logramos salvarnos y seguimos en este plano…

 

Y seguimos festejando… día a día… la permanencia en este plano…

 

Pero también…
Sufrimos, lloramos, estamos de duelo… cuando el alma de alguien al que amamos ¨nos abandona¨… aunque su objetivo sea pasar a otro plano superior…
Sufrimos, lloramos, estamos de duelo… cuando nos dicen que tenemos una enfermedad terminal… (como si nuestra alma también tuviera un destino terminal…)
Sufrimos, lloramos, estamos de duelo… cuando alguien predice que llega el Apocalipsis (Apocalipsis… aclaro: de este plano…)

 

¡Qué aferrados estamos a este plano…! Ojo, no estoy estimulando a que la gente se suicide para despedirse rápido de este plano, porque quien decide irse de esa manera, debe volver (en otro cuerpo) para terminar de aprender lo que aún no aceptó en este plano…

 

La meta más difícil que debemos alcanzar es entender, aceptar, alegrarnos y festejar cuando nuestra alma, o el alma de alguien a quien amamos, han llegado a un estado en el que deben abandonar el cuerpo y ascender… ese es su máximo premio… Pero aún somos egoístas: queremos que todas las personas que amamos se queden con nosotros, aunque eso implique que ellas ¨no aprendan los objetivos del paso por este plano, y que necesiten volver a rendir mil veces las materias que no alcanzaron a aprender…¨

 

¡Cuánto tenemos que aprender aún…!

 

Con amor... Stella Maris 

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